DE LUNES TODO EL AÑO| Serotonina: depresión, sexo y humor al estilo Houllebecq

Por Alejandro Ortega Neri

Dicen las páginas de noticias que para el 2020 la primera causa de discapacidad en México será la depresión. Si después de lo que hemos vivido a lo largo de la historia aún no la tenemos como la primera causa no entiendo como aún no somos la sociedad más deprimida del mundo y seguimos siendo, según estudios de la pseudociencia, de los países más felices del orbe.

La depresión no es cosa menor. No se quita con un “no te agüites”, “aliviánate”, “ánimo” o “vamos por unas chelas”,no. Sino que es un padecimiento cuyo viaje seguro es una caída en espiral en el que se lucha constantemente para que el sentimiento de tristeza no venza. Al menos es algo de lo que se percibe en la vida de Florent-Claude Labrouste, el personaje de la nueva novela de Michel Houllebecq  el francés más incómodo del momento, titulada Serotonina (Anagrama, 2019).

Labrouste tiene 46 años, detesta el nombre que le pusieron sus padres suicidas y se medica con un antidepresivo de nombre clínico Captorix que le libera serotonina pero que tiene efectos secundarios adversos: náuseas, desaparición de la libido e impotencia.  Pero no sólo eso, su historia amorosa ha estado llena de fracasos y su trabajo parece cada vez más aburrido. Es aquí donde comienza el monólogo.

El periplo de Labrouste comienza en Almería donde se encuentra con dos chicas con quienes imagina protagonizar una película pornográfica; luego sigue por París y Normandía, donde descubre que su novia japonesa aparece en unos videos pornográficos. La abandona, se va vivir a un hotel poniendo en práctica la “desaparición voluntaria”, deambula por la ciudad, los bares, restaurantes y supermercados y además de despotricar contra el mundo, repasa sus relaciones amorosas marcadas por el fracaso con una abogada danesa y una aspirante a actriz francesa.

También acompañamos al personaje al reencuentro con un viejo amigo, cuya vida, como la de él, también va en picada porque su mujer le ha cambiado por un pianista inglés y se ha llevado además a sus dos hijas. Por lo que del encuentro de dos hombres en depresión no puede salir nada bueno más que el aprender a manejar las armas.

Mientras Labrouste narra el hundimiento de su vida, asistimos también puntuales al naufragio de la sociedad francesa sobre la que centra su  aguijón venenoso, irónico y sarcástico el escritor, como ya lo ha hecho en anteriores novelas, como en Sumisión, que incluso le valió amenazas y buscar la clandestinidad.  

 Pero Serotonina es una oda literaria al desencanto y la depresión, que además confirma a Michel Houllebecq como uno de los críticos más agudos de la sociedad occidental y su decadencia. Provocador, nihilista, indómito e incómodo, Houllebecq se mueve con comodidad entre la filosofía y el humor destructor.  Cronista imprescindible del espíritu de los tiempos, ese zeitgeist del que hablan los alemanes.

Además ha creado en Florent-Claude Labrouste un personaje desarraigado y autodestructivo. Un antihéroe que toma con humor su hundimiento y el de la sociedad que habita,  que  oscila entre la filosofía de los cínicos y la de Epicuro. Un hombre muy a la Cornelius Sutree del gran Cormac McCarthy, que puede quedarse en la memoria tanto como el Bartleby de Melville o el Oblómov de Goncharov. 

Serotonina es literatura con mayúsculas, un tratado de la depresión personal y de la del mundo occidental, un novelón en la que desfilan la infelicidad, el desencanto, el sexo y el humor en grande cantidades, dosis perfectas para convertirla en un producto muy recomendable. Una buena entrega más del escritor francés más reconocido del momento.

Foto: EFE