ENTREVISTA| “La fotografía me mantiene vivo”: Andrés Sánchez. El fotógrafo zacatecano expondrá Invisibles en Brasil.

Por Alejandro Ortega Neri

Zacatecas (Mex).- Jamás imaginó que su encuentro con una cámara y su correspondiente película le determinarían su destino personal, la pasión de su vida: la fotografía.

Nacido en Guadalajara en 1977 pero radicado en Zacatecas desde muy temprana edad, Andrés Sánchez Gómez es en la actualidad uno de los fotógrafos más reconocidos de la entidad, y es precisamente su trabajo y su ojo sin igual el que lo llevará el próximo 6  de julio a exponer en la galería Margem de Brasil, un espacio dedicado a mostrar el trabajo de fotógrafos de todo el mundo a lo largo del año y que este 2019 seleccionó, como único mexicano, a Andrés Sánchez.

Invisibles se titula el trabajo que el zacatecano expondrá en el sur del continente, una serie fotográfica que se concentra en mostrar en claroscuros y contraluces a personajes de la vida cotidiana de Zacatecas, personas en situación de calle, cantantes urbanos, ancianos o niños que parece que desaparecen en el trajín o bien son ignorados por la prisa o la indolencia. Una serie fotográfica vestida con la soledad, la nostalgia y el olvido, pero que logra uno de los poderes fundamentales de la foto, extraer belleza de donde parece que no la hay.

“El inicio del proyecto como tal es de hace 3 años máximo –dice Andrés-. Es el tiempo que he traído esta historia en la cabeza y surge de una columna de un fotógrafo español que hablaba de filosofar más con la fotografía. De por qué no pensamos más allá,razonar más en vez de estar apretando instintivamente el click. Me quedé con esa idea pero por otro lado la misma fotografía es resultado también mucho de lo que traemos dentro nosotros. He estado los dos últimos años mucho entre el blanco y negro, y solitario, entonces también hay una muestra de cómo estás interiormente”

Ese par de momentos, la lectura sobre el sentimiento de la fotografía y la reflexión del paisaje interior,llevaron a Andrés a caminar por un sendero bifurcado hasta convergir en uno, como si de recorrer una “Y” se tratará, y ese encuentro es lo que ahora conforma Invisibles, la serie que reitera y consagra el gusto del fotógrafo por el blanco y el negro.

“Lo más lindo de la serie es que siempre encontraba cosas para ir rescatándola. Mucho del trabajo era irme imaginando espacios; veía un escenario y esperaba que algo ocurriera. La realidad te sorprende a veces, yo los imaginaba pero no tan chidos. Me sorprendió”  explica quien quizá pone en práctica todos los días las enseñanzas de grandes fotógrafos como Henri Cartier-Bresson, cuando hablaba del caminar en vez de correr, ser paciente y silencioso, casi invisible también.

Arturo Pérez-Reverte, el escritor español autor de El pintor de batallas, esa novela en la que un fotógrafo de guerra se retira para pintar la foto que nunca pudo tomar, dijo una ocasión que era imposible retratar el bostezo indolente de la sociedad, no estoy seguro de tal aseveración, pues la mayoría del trabajo de Andrés Sánchez busca, desde una óptica hiper estética, hacerlo y creo que lo logra. Pero además de retratar la indolencia, retrata la soledad,la vejez, el olvido, y lo hace con una técnica envidiable.

“El trabajo tenía que ver con los espacios; de pronto andas vagando, caminando, y ves que hay en Zacatecas ese contexto aviejado, no sólo de los personajes, también sus muros. ¿Cómo fotografiar la soledad? No sé. Pero sí debes darte un viaje en tu propia cabeza y ver cómo te sientes. Yo lo que hice fue escapar un poco, estar solo. Los lugares que frecuentaba para tomar estas fotos son lugares donde nadie te conoce, esos espacios fueron donde podía estar solo, respirando, observando, y ahí aparecían las imágenes solas.  Hay continuidad de ciertos personajes fotografiados, parece que van como en una misma búsqueda mirando hacia abajo”.  

El fotógrafo es un cazador paciente, aseveraba Susan Sontag en su emblemático ensayo Sobre la fotografía. Andrés Sánchez Gómez, con más de 15 años en el oficio lo sabe de sobra, pero también conoce que la contraparte a la paciencia centenaria es la suerte, las coincidencias que utilizan los dioses de la luz para estrujarle la incredulidad a los fotógrafos, y algunas piezas de Invisibles, cuenta el autor, así se dieron.

“Con algunas fotos llegue y ahí estaban. Como la del señor ciego que canta no hubo que esperarla, tenía una edición natural. La foto estaba ahí sola. Con la del niño bañado por el rayo de sol, pasé y vi el espacio, aguanté un poco a que pasara alguien pero tampoco fue mucho tiempo” habla con referencia a dos imágenes claves de su muestra, que más allá de la técnica limpia tan característica en su trabajo, destacan por su poética: pues en la primera, uno de los personajes populares de Zacatecas, un ciego que canta con una voz envidiable, es partido por la luz y su cuerpo queda dividido como su vista, entre la penumbra y la luz cegadora, como dijera Silvio Rodríguez. En la otra,  Andrés logra un “instante decisivo” cuando captura a un niño con una aparente alegría correr por un puente en decadencia mientras un rayo de luz le da vida.

“En algún momento la gente te observa  que estás con las malas intenciones de fotografiarlo y te voltean  a ver feo pero no hay que dejarla, hay que aguantar, esperar a que se distraiga”, aconseja el fotógrafo, que también sabe y reconoce que el oficio es en solitario, sin nadie que distraiga, pues la fotografía es una interacción íntima entre sujetos capturados y el que oprime el disparador.

El gran Ansel Adams decía que un  fotógrafo hace foto no sólo con su ojo, sino con lo que escucha, lo que lee, lo que consume.  Somos una caja de resonancias aseveraba Roland Barthes. Andrés Sánchez consume y hace fotografía para La Jornada Zacatecas todos los días. Sin embargo en su alimento fotográfico a veces prefiere detenerse y guardar una distancia mediana, porque sabe de las influencias, pero en su ideal trata de pensar qué es lo que quiere hacer, cuál debe ser su marca personal, ese rasgo distintivo que identifique a sus fotos y quienes las observen sepan que son de él sin saber de antemano la autoría. 

Por el momento prefiere convivir con Pakal y Calaka, sus dos perros con quienes pasea todas las mañanas y descubre paisajes que merecen ser inmortalizados en fotos, como esa serie de naturaleza muerta que se puede apreciar en sus redes sociales. Pero también se alimenta de la música, la cual cree que es necesaria para ponerle un soundtrack a sus creaciones. Ama a Depeche Mode y Kings of Lion.

Quienes lo conocemos y hemos tenido la oportunidad de trabajar con él, sabemos que la fotografía en la vida de Andrés significa todo. Su cámara registra lo que nadie ve, su mirada amaestrada y su técnica pulida le ha valido premios a nivel estatal y nacional.Invisibles es una muestra más de ello, porque además manifiesta con la serie que es un fotógrafo inquieto, que superado un proyecto se enfrasca en otro y además experimenta hasta el cansancio las posibilidades que su lápiz de luz le da. Como rezaba el viejo anuncio de la Kodak, es difícil saber dónde termina su mano y comienza su cámara.

“Sin afán de ser un pinche fatalista, sí creo que la fotografía es algo que me mantiene vivo. En la vida ha habido golpes sabrosos y en el punto en el que estoy, la cámara y la foto es algo de lo que me mantengo colgado. Jamás imaginé que me diera tantas cosas, como ahora que podré ir a otro país” confiesa Andrés, que el próximo 4 de julio estará partiendo a Brasil donde los cariocas podrán observar el trabajo de alguien que pone el en el mismo punto de mira, los ojos, la mente y el corazón.  

Foto: Alejandro Ortega Neri