DE LUNES TODO EL AÑO | Elena Sánchez Valenzuela: el rescate de la pionera del cine mexicano

Por Alejandro Ortega Neri

Los historiadores liberan a sus sujetos de la perspectiva de ser olvidados, decía el británico John Lewis Gaddis. Y tal parece que es la premisa que siguió Patricia Torres San Martín cuando se dispuso a investigar la vida y obra de Elena Sánchez Valenzuela, la mujer pionera del cine nacional, y que hoy nos entrega en  un libro que merece ser leído tanto por el cinéfilo, como por el investigador de cine o bien de la historia de las mujeres, pues su aporte a la historiografía es de incalculable valor porque viene a llenar un vacío que parecía ignorado.

Elena Sánchez Valenzuela (CUEC, 2019), detalla, desde el análisis crítico del discurso y desde la trinchera de la prosopografía histórica, la vida y obra de Elena Sánchez Valenzuela, una mujer que los anales del cine en México olvidaron pero que su importancia reside en que fue la primera Santa del celuloide mexicano,  devenida en cronista de cine, documentalista y finalmente en directora de la primera Filmoteca que tuvo el país, una mujer visionaria cuya historia merecía ser rescatada y que Patricia Torres San Martín lo ha hecho de manera encomiable.

Dividido en tres apartados, el libro comienza con su etapa como actriz de cine mudo,  un período que abarca de 1917 a 1921 y cuyo  punto más importante es su papel protagónico en Santa (1918), la primera película del cine mudo mexicano que además funda el canon del paradigma de la prostituta en el cine que, incluso, permanece hasta la actualidad.  En el apartado, Torres San Martín además realiza un estudio de cada uno de los filmes en los que Valenzuela participó y recuerda el año en que el filme que la catapultó cumplió sus bodas de plata.

El capítulo segundo, cuya temporalidad abarca de 1919 a 1935, se concentra en la etapa de Elena Sánchez Valenzuela como cronista de cine, pero antes, la autora contextualiza la situación del oficio en la que el personaje comenzó, un repaso por la historia del periodismo mexicano nada desperdiciable que se viene a enriquecer con las aportaciones de Sánchez Valenzuela, quien después de un inicio aquí en México,es becada para estudiar en Estados Unidos donde fungirá como corresponsal para medios nacionales.  Torres San Martín sabe bien, como buena estudiosa de las ciencias sociales, que cuando se elabora un trabajo biográfico es también para cuestionar a su sujeto de estudio, por lo que en este apartado Valenzuela recibe unos “tirones de orejas” puesto que se interesaba poco por el cine nacional y sus crónicas profundizaban poco en las cuestiones técnicas y estéticas del cine y se concentraban más en la apariencia de las actrices, como se demuestra en los fragmentos de las mismas intercalados con el discurso, o bien en los anexos del libro.  

El tercer apartado está dedicado al poder de las imágenes fílmicas que Elena Sánchez Valenzuela percibió y que,por ende, trató de conservar en una primera Filmoteca. Primeramente, Torres San Martín aborda su breve etapa como documentalista por un encargo del gobierno de Lázaro Cárdenas, cuando se le ordena realizar un documental de la riqueza patrimonial de Michoacán, sin embargo la espinita de la conservación se la dio sus viajes por el mundo y de ahí comenzó con la idea de la Filmoteca, misma que logra pero que paulatinamente se verá atacada por la burocracia masculina que hizo todo lo posible por menguar los esfuerzos de “Elenita”.

“Me interesó rescatar la vida y obra de ELENA SÁNCHEZ VALENZUELA (1900 -1950) porque es el personaje perfecto para reflexionar en torno a la problemática relacionada con los  temas de la mujer y el cine, la modernidad y la cultura mexicana” dice Torres San Martín en la introducción, un rescate que le llevó varios años pero que le sirvió también como un ejemplo, como refiere en el libro, “para examinar la construcción delas prácticas sociales y culturales en torno a la noción de lo femenino en la esfera pública”.

Es por tal motivo por el que es importante la aportación de la historiadora de la Universidad de Guadalajara, porque busca reescribir la Historia no oficial de las mujeres mexicanas que se atrevieron a transgredir los modelos de feminidad impuestos por el patriarcado,y ubicar así, su historia en una justa dimensión en el contexto histórico social de la industria cinematográfica en México.  

De ahí pues la valía del documento que Torres San Martín acaba de entregar a sus lectores, un estudio de género que puede servir de modelo, como señala Aurelio de los Reyes, para la historiografía de la mujer y el cine. Además es importante porque no solamente sirve como un enorme ventanal por el que entra la luz de la política cinematográfica durante el gobierno de Lázaro Cárdenas, de la primera Santa y la fundación y destino de la primera Filmoteca, sino porque nos ayuda a dimensionar la importancia y el poderío de Elena en un país en el que parece que la figura de la mujer en la industriase empodera cada vez más. Y es aquí cuando Torres San Martín se erige como excelente historiadora, porque no sólo sabe de la necesidad de la “historia rescatada”, sino también de su papel activo para mantenernos en relación activa con el pasado para comprender el presente.