DE LUNES TODO EL AÑO| La fragilidad de los cuerpos; una oda al periodismo de investigación

Por Alejandro Ortega Neri

Si se dedica al periodismo y además es un romántico del oficio, que cree que gracias a él se puede llegar ala verdad y a la justicia, pero que cada vez se decepciona más del mismo y del sistema en el que trabaja, desintoxíquese y mejor meta las narices en La fragilidad de los cuerpos (Tusquets,2012) del escritor y periodista argentino Sergio Olguín, para que recupere esa pasión que lo hizo dedicarse a esto y para que se enamore, además, de Verónica Rosenthal, la periodista treintañera que protagoniza este novelón, el primero de la saga.

La historia comienza con el suicidio de un conductor de trenes en Argentina, quien además deja una carta en la que pide perdón por su responsabilidad en la muerte de cuatro personas. Las referencias son ambiguas, aunque se habla de un niño entre las víctimas y esto es precisamente lo que despertará la atención de Verónica Rosenthal, redactora de la revista Nuestro Tiempo quien navega en el oficio con la bandera de la verdad y la justicia bien desplegada.

Fumadora irremediable, bebedora empedernida y con especial gusto por los hombres “prohibidos”, la Rosenthal, siguiendo su olfato periodístico, buscará qué se mueve atrás de este suicidio y no se detendrá ante nada. La investigación la llevará a criminales y políticos corruptos que mueven los hilos de una trama siniestra, pues se da cuenta que no es el único maquinista con deseos de suicidio, y esto debido a un juego macabro que desvela las relaciones entre las mafias y el poder y que pone en riesgo,por diversión, la vida de los seres más vulnerables.

Con esta primera entrega de los casos de Verónica Rosenthal, Olguín entrega una trama policial trepidante, redondita, en la que no deja fuera las crisis existenciales de cada uno de sus personajes y en la que pone el dedo sobre la llaga en cuanto a las relaciones de la mafia con el poder y sus escabrosas maneras de divertirse y reírse del mundo, la vida y la muerte, algo que el periodismo de investigación puede lograr y que parece que a veces olvida.

Es también una historia de amor loco; de amor hacia el peligro, al oficio, hacia los niños y los hombres, todo desde la mirada de la Rosenthal, un personaje entrañable que, como dije, nos insufla el amor por la investigación periodística como un vehículo para encontrar la verdad y la justicia, pero sobre todo para buscar la redención en un mundo cada vez más enfermo, en el que la fragilidad de los cuerpos se descubre después de noches de sexo salvaje, de peleas a muerte o ante el embiste de un tren. Cuerpos amados, perdidos, asesinados son el ingrediente de este librazo que no da tregua ni respiro.

La ficción ya me había regalado a una periodista entrañable, Olga Lavanderos, quien nació de la pluma y mente de Paco Ignacio Taibo II, pero ahora le doy la bienvenida a Verónica Rosenthal para que ocupe, junto a Olga, el cuarto en el que albergo los regalos de la ficción.