DE LUNES TODO EL AÑO| No todos los besos son iguales o La Bella Durmiente Reloaded

Por Alejandro Ortega Neri

Élmer Mendoza, el escritor sinaloense, ha vuelto a la novela de corte juvenil después de Elmisterio de la orquídea calavera (Tusquets, 2014) para contar una historia delirante, divertida, atrevida. Alejado del policíaco y con el Zurdo Mendieta momentáneamente en la banca, Mendoza da vida en No todos los besos son iguales (PRH, 2018) a su propia Bella Durmiente, la princesa del reino de Mey hechizada por Espolonela allá por los reinos de Mocorio y Navolatura.

La Bella Durmiente, hija de Guasave y Cosalá, es hechizada en su fiesta de XV años por la malvada hada Espolonela, quien enojada porque no la invitaron a la fiesta, la manda a dormir por los próximos 100 años, al igual que todo el reino de Mey, sin embargo algo sale mal con el hechizo y los 100 años se convierten  apenas en 4, aunque la princesa necesita todavía al beso de amor que la despabile por completo.

Es aquí pues que comenzará la historia, porque con el afán de que despierte ella y el reino, el hada que la cuida, Plumantela, hará todo lo posible porque el beso llegue y la lleva a las tabernas de los reinos aledaños en búsqueda de un futuro príncipe. Por otro lado, las noticias correrán rápido y caballeros y nobles de otras tierras irán a la caza del beso también para conocer además a la Bella Durmiente y quedarse con el reino de Mey.

Así pues, desfilarán por la novela hadas en aprietos porque se les olvida la barita buena, espadachines trotamundos sin rumbo fijo más que encontrarse a sí mismos, bribones, aves fénix que se apaciguan con la canción de “Estrellita”, príncipes que huelen a ajo y otros que comparten la filosofía del sexo de un tal Budy Allen,misteriosos enmascarados, tigres de tres ojos, Reyes adinerados con sicarios a sueldo que cavan túneles en el bosque bajos sus tiendas de campaña, y una Bella Durmiente cada vez más desesperada porque “todos los hombres son unos imbéciles”y nadie logra despertarla completamente.

Haciendo una reinterpretación delas versiones de los hermanos Grimm, de Basile y de Perrault, Élmer Mendoza traslada el mundo de la fantasía a los territorios del norte de México que él tan bien conoce, y se exige como escritor, pues ahora el personaje principal es femenino y la historia exige que sea una princesa hasta cierto punto feminista y empoderada, la que no cree en príncipes azules, a la que no le satisfacen canciones compuestas por juglares para ella, muy parecidas a las de Miranda, Joan Manuel Serrat o Mexicanto, y a quien incluso no la asusta el Rey del Túnel, un misterioso hombre de bigote espeso, gorra y mirada penetrante.

No todos los besos son iguales  es igualmente un festín que reúne a personajes tan disímiles como entrañable. Una fiesta en la que hay cabida tanto para Hamlet, como para Arquímides o bien Winston Churchill. Pero sobre todo es una novela que si bien convierte la realidad mexicana en un cuento de fantasía, lo hace de la mano de cavilaciones muy al estilo del buen Élmer Mendoza quien nos dice que “resultan más interesantes las versiones de los hechos que los hechos mismos”.  Algo más o menos como lo que pasa en este país, todos los días. Pase leer y no saldrá defraudado, al contrario, divertido, pues No todos los besos son iguales es La Bella Durmiente  reloaded, al más puro estilo del máster de la novela policíaca mexicana actual.  

Foto: Alejandro Ortega Neri