CRÓNICA| Coronel regresó a casa a descansar

Por Alejandro Ortega Neri

A pesar de la intensidad de los rayos del sol y del cielo cruel zacatecano que hoy viste uno de sus mejores azules, el día amaneció triste y el tiempo parece que se detuvo. Las calles lucían solas, sin gente y sin el ruido ensordecedor de los automóviles. Solas.Ni la sombra de un coche se veía.  Amaneció limpia y tranquila para recibir a uno de sus hijos pródigos, el pintor Rafael Coronel Arroyo que hoy regresó a casa para descansar.

La muerte del gran pintor tomó por sorpresa a los zacatecanos. A la mitad de ellos por lo inesperado de la noticia; a la otra mitad, porque ignoraban que aún vivía quien ostentaba el nombre del viejo convento franciscano que alberga las cinco mil máscaras que el propio Coronel regaló al estado. Su museo y el lugar en el que a partir de hoy descansaran sus restos.

El inicio de su homenaje póstumo estaba programado para llevarse a cabo minutos antes del mediodía. Pero desde temprana hora las calles se vaciaron y los coches estacionados desaparecieron por arte de magia de la policía vial. De todos los balcones de la ciudad colgaron pendones con fragmentos de sus obras así como su nombre sobre las fechas de su nacimiento y su muerte: 1931-2019. 87 años de vida nos informaron sus personajes viejos despojados de toda máscara que vigilarían su último paseo por la Avenida Hidalgo.

El homenaje del gran interiorista dio inicio a las afueras de la casa que lo vio nacer. Una antigua finca ubicada en la Calle Allende número 109, donde incluso existe una placa de cantera que informa que ahí nacieron Rafael y su hermano Pedro Coronel, el primero en 1931,el segundo, diez años antes, 1921. Hoy la placa se vistió de luto y flores la perfumaron.

Pasadas las 11: 30 de la mañana llegaron las cenizas del pintor en una lujosa carroza negra. Lo acompañaban el Gobernador del Estado, Alejandro Tello, su esposa Cristina Rodríguez, y Juan Rafael Coronel Rivera, hijo del artista quien fue el encargado de transmitir la triste noticia el día del deceso. En el lugar lo esperaba un contingente de público, funcionarios estatales y periodistas en busca de la mejor foto, pues el suceso lo ameritaba, era histórico y la fotografía se encarga de congelar los momentos.

La ciudad que lo vio nacer y la casa donde abrió los ojos por vez primera ya no es la misma. Zacatecas se ha vuelto violenta e indolente y ahí, donde fue su hogar, es ahora una casa de cambio que hace algunos años fue investigada por posible lavado de dinero del narco. Sin embargo, hoy Allende volvió a ser la calle por donde se asomaron los carteros y la gente se reunió para brindarle un último adiós al creador de mundos con óleo sobre telas.

Después de la semblanza leída por el cronista del estado, el cortejo partió a pie por la avenida principal de la ciudad. La Internacional Banda Sinfónica del Estado fue quien encabezó el cortejo, mientras que alumnos de la Escuela Secundaria Federal No. 1 “Francisco García Salinas” le flanquearon el paso con una tímida despedida con pañuelo blanco y con el desconcierto en el rostro porque desconocían a quien despedían.

Pero no solamente eran los estudiantes de secundaria quienes lo esperaban, también alumnos del Colegio de Bachilleres del Estado de Zacatecas le aguardaban casi a las afueras de la Catedral, donde los restos de Coronel harían una segunda escala para recibir la bendición del Obispo de la diócesis zacatacana.

Entre empujones y correteos de la prensa por ganar el mejor lugar, las cenizas del pintor llegaron a la vigilante barroca que cuida la ciudad. Coronel recorrió su pasillo y llegó hasta el altar en donde Sigifredo Noriega Barceló, todólogo de domingos, bendijo los restos de ese gran artistas que pintó la soledad de los mexicanos, y de paso también vertió agua bendita para políticos y prensa, a los primeros, quizá, para el bien actuar, a los segundos para que no hagan preguntas incómodas, tal vez.

La parada fue breve, aún faltaba parte del recorrido, pues, según decidió el hijo del pintor, los restos de su padre debían descansar en ese viejo edificio del siglo XVI que alberga toda su colección y la sala de exposiciones con el nombre de su madre Ruth Rivera. Ahí sería el final del viaje.

La Banda del Estado siguió tocando. Restaba el tramo final. Y mientras unos seguían el cortejo con fervor,otros más tomaban un atajo con prisa para llegar al recinto a ocupar su lugar,como lo hicieron una gran cantidad de diputados locales.  

Pasadas las 12: 30 del mediodía del jueves 9 de mayo de 2019, los restos de Rafael Coronel Arroyo llegaron al museo que lleva su nombre, su segunda casa y última morada. Las sirenas de las motopatrullas que escoltaban el cortejo comenzaron a sonar rompiendo la tranquilidad del momento pero anunciando el arribo de uno de los ínclitos hijos del estado.

Una alfombra roja marcaba el camino que los restos del pintor debían de seguir. La nave del museo, donde  la grandeza de la arquitectura colonial pelea con lo implacable del tiempo, sería donde se le daría el último adiós. Primero vinieron las guardias de honor, de políticos y artistas en su momento, y aunque hubo más de uno del gremio que se quedó esperando sonará su nombre, sólo se escuchó el de Ismael Guardado y José Esteban Martínez, quienes representaron a la comunidad de pintores en ese último adiós.

Fue en 1987 cuando Federico Sescose comenzó la restauración del antiguo convento para convertirlo en museo. El espíritu franciscano fue el que convenció a Rafael Coronel, “Rafail”,como según dicen le decía Sescose, para que eligiera el lugar donde resguardarían su colección de máscaras, su obra y hoy sus restos.

Su muerte, según dijo el director del Instituto Zacatecano de Cultura, Alfonso Vázquez Sosa, servirá para continuar y garantizar todo proyecto de difusión de todas las colecciones que guarda el registro y de la misma obra del gran interiorista, cuya muerte, dijo el mandatario Alejandro Tello, marca un antes y un después en la historia de Zacatecas, que hoy se duele por la pérdida de ese mago del pincel quien a través de la figura humana nos acercó a la magia.

Un toque de silencio emanado delas cornetas militares y un aplauso pusieron fin al homenaje póstumo a Rafael Coronel, cuyos restos rodeados de flores quedaron al frente de la nave del museo a donde se acercó el público en general que quiso darle el último adiós;no faltó el señor que se persignó ante la urna, uno de los trabajadores del museo, o aquellos que, inexplicablemente, se tomaron fotos para compartir enredes sociales. El homenaje había terminado.

La diáspora de los asistentes comenzó y el aire en Zacatecas sonó triste. El cielo se vistió de un azul casi como el de los cuadros de Coronel, el sol iluminó todo el día su paso y hasta los niños que jamás le conocieron le aplaudieron. Pudiera parecer una despedida soñada, pero también quedaba flotando la interrogante de si a él le hubiera gustado, pues desde hace décadas se recluyó y su gusto por exponer, dar entrevistas y aparecer públicamente desapareció. Qué contrariedad. Hoy lo único que sabemos es que Coronel regresó a casa a descansar.

Fotos: Alejandro Ortega Neri