DE LUNES TODO EL AÑO| Zig-Zag: bicicletas, drogas y rock n´roll

Por Alejandro Ortega Neri

En días pasados, ante una de esas crisis que lanza a manera de zapes el oficio del periodismo y el de escribir, me puse a leer crónicas, perfiles y demás periodismo narrativo con la idea de saber cómo y de qué manera presentan su información los avezados en el campo, y recordé mi ejemplar de Zig-Zag, lecturas para fumar (Rueda Libre, 2014) de Rogelio Garza, que él mismo me regaló cuando impartió un taller de periodismo musical el año pasado en Zacatecas. Quedé alucinado.

Cada que Garza publica algo en revistas o sitios y lo comparte en su Face, lo leo con devoción y atención. Su crónica del último concierto de Nick Cave en la ciudad de México me enchinó la piel, como si yo hubiera estado ahí, y es que la bondad de sus textos reside en que respeta tanto al lector y le cuenta lo sucedido como si fuera su compa, y respeta tanto a la música y al oficio que a cada sensación que ésta le brinda, le erige monumentales metáforas dignas del recuerdo.

Pedalear a través de las páginas de Zig-Zag, esa selección de textos que Rogelio escribió y publicó en varios medios como La Mosca durante dieciocho años, es adentrarse en las entrañas de una época y un autor; es colocarse hasta encontrar la comunión entre la noche,la calle y la policromía de cada nota que sale de la música que puebla la vida de Rogelio, un cronista musical consumado más no consumido.

Bicicletas, drogas y rock n´roll son las tres garantías, el común denominador de las crónicas del buen Rogelio, pues ¿qué otros condimentos necesarios se necesitan para vivir al cien? Son 44 textos, entre crónicas, perfiles  y columnas de opinión y reclamos al Osito Bimbo, los que completan Zig-Zag que si le hacemos caso y nos lo fumamos, el buen viaje está garantizado.

Como toda compilación o álbum musical,hay algunas piezas que orillan a convertirse en favoritas para volver a leerlas o fumarlas cuando las nuevas crisis se avecinen. “Lunáticos”, con la que abre el libro es una joya; porque representa al hombre duro en el que todos quisiéramos convertirnos para enfrentar a todo vecino latoso que no nos deje ver la luna desde la azotea para componerle una rola, porque piensa que espiamos a la hija por la ventana.

También destaco “Preséntame a tu ombligo”, casi un homenaje rockeron y poético al máster Gutierre Tibon; el perfil “Rockdrigo, montado en su máquina del tiempo”, de quien dice Garza que “su música es el sincretismo entre los Trovadores Tamaulipecos y los Beatles, entre Agustín Lara, Muddy Waters, Chava Flores y Bob Dylan” y que sin ser un músico prodigioso ni cantor privilegiado, la bastaron la lira y la armónica para crear un sonido rocanrolero mexicano.

Imperdibles son también las crónicas de viajes; “Strippin Las Vegas”, un viaje con el ácido de Hofmann en el que el cronista pasa por un concierto de los ZZ Top y termina en una limosina con las chicas de la banda, las zz topettes; “Londres, donde las piedras empezaron a rodar”, “Barcelona, flamenco y scratchismo”, “Zurich, el lugar de los relojes” y “Amsterdam, la ciudad de las bicicletas”. Conjunto de textos en los que Garza nos lleva en bici a pasear por las entrañas lisérgicas de esas ciudades, y como buen Marco Polo, nos describe con lujo de detalle las características que las hacen únicas.

Además de los mencionados, hay muchos más que son básicos para todo aquel que quiera emprender la aventura dela crónica musical, como “Siguiendo las pisadas de los Dandy Warhols” a quien no escucho en este momento y no he dejado de hacerlo desde que la leí. O “BlackSabbath/Heaven and Hell, mi nombre es Metal” que recuerda una de las visitas de los papás del metal al ahora extinto D.F, o las que dedica a los músicos con afición por las bicis como “La Raleigh de John Lennon”, “La Humer Sprite de SydBarret” y “David Byrne, de cabeza parlante a cabeza rodante”.

Pero Zig-Zag, además de una buena colección de textos para el  oficio, es un libro que catapulta al melómano incipiente a otras dimensiones musicales; el soundtrack es un surtido rico ad hoc para viajes en bicicleta y con estupefacientes. Pero es también un almanaque que colecciona fechas de conciertos memorables, sitios, lugares y sabores que componen el rompecabezas de varias generaciones; textos atemporales que vienen a ser piezas claves de la panoplia personal para luchar contra la femme fatale que es la desmemoria. Un libro completito, para fumárselo poquito a poco.  

Foto: Alejandro Ortega Neri