FCZ 2019 | Goran Bregovic, el músico que logra lo que ni Dios puede: poner a bailar culturas y religiones diferentes.

Por Alejandro Ortega Neri 

Zacatecas, Zac.- Un judío llevaba 60 años asistiendo al Muro de los Lamentos, ese lugar sagrado de Jerusalén, para conversar con Dios y pedirle que acabaran todas las diferencias entre las religiones y que, por ende,  terminarán también las guerras. Cuando un periodista de la BBC interesado en su historia le preguntó que si había obtenido respuesta después de tanto tiempo, el judío le contestó: “tengo la impresión de que le he hablado a una pared”. 

Para el músico bosnio Goran Bregovic, estandarte de la música balcánica contemporánea, tal anécdota debe servir como un aprendizaje, la de saber que tal vez Dios dejó fuera de agenda dedicarse a que los humanos deberían aprender junto,  que es es algo que ahora nos corresponde;aprender a vivir en paz, y es lo que Bregovic intenta con esa música coral que une voces de distintos orígenes y personas de religiones disímiles en un mismo lenguaje universal, la música.

Tal intención de Bregovic  queda de manifiesto en su más reciente producción Tree letter from Sarajevo en el cual confluyen tres culturas distintas y reúne canciones cantadas en hebreo, árabe y español con las voces de Sifet Mehemed, Asaf Avidan y Bebe, respectivamente, y que este 23 de abril de 2019, en el marco del Festival Cultural 2019, tocó para todos los zacatecanos y visitantes.

La Plaza de Armas de la capital zacatecana fue el escenario perfecto para que el músico bosnio y su His weddingand funeral band hicieran lo que ningún Dios ni político ha logrado hacer;  unir en la alegría a las diferentes culturas del mundo, y es que en este último trabajo discográfico, Sarajevo, a decir de Bregovic, sirve a manera de metáfora, porque lo que pasó en Bosnia en 1991 continúa sucediendo en todas partes. Desgraciadamente, dice, con la música no se puede cambiar el mundo, aunque con su propuesta está poniendo un granito de arena para lograrlo.  

La agrupación interpretó para el público asistente Tree letters from Sarajevo casi en su totalidad, pues la carta cristiana, musulmana y judía que dan paso a manera de intro a las canciones son conciertos para violín, pero no se extrañaron. “Vino tinto” fue la que abrió el espectáculo y la primera canción en español que se interpretó,y de inmediato, los asistentes que lograron llegar hasta el escenario que estaba obstaculizado por sillas, vallas y prepotentes, soltaron los pies para soñar.

Sonaron también “Duj Duj”, “Pero”,“Baila Leila”, “SOS”, “Mazel Tov”, “Made in Bosnia” y “Stop calvary”, mientras que del álbum Karmen (2007) se bailó “Gas Gas”  y se recordó a Cesaria Evoria y al film Underground ( 1995) de Emir Kusturika con la bellísima interpretación del tango “Ausencia”. Pero, a pesar de que nadie paró de bailar durante todo el concierto, el momento explosivo vino en el segundo encore cuando el bosnio regaló “Kalasnijikov”, esa parodia de la guerra con trompetas frenéticas que puso a saltar a los miles de asistentes, quienes todavía esperaban cantar con ansias la versión de Bregovic de “Bella ciao”, el himno partisano antifascista al que el músico le diseñó unos arreglos que le costaron, según me contó en conferencia de prensa, cinco minutos por la prisa de tocarla en Italia hace 30 años.

En un mundo en el que permean las guerras y en el que se emprende la migración y se buscan erigir muros para bloquear todo contacto con otra cultura o religión, “Bella ciao” no pierde vigencia, y a decir de Bregovic, encaja en el mundo actual, pues es una canción a la que define como “excepcional, muy triste pero que al mismo tiempo trata de ser feliz”. Y así fue, triste porque su vigencia nos habla de la misma vigencia del fascismo, y feliz porque cuando se cantó y se bailó, quienes en un momento intentaron impedirlo, se vieron derrotados ante ese “Frankestein bonito” -como define el bosnio a su propuesta por la mezcla de culturas- que unió las esperanzas y logró, momentáneamente, la paz.  

Fotos: Alejandro Ortega Neri