PREFERIRÍA NO HACERLO| Nos echaron a los polis por querer bailar

Por Alejandro Ortega Neri

Sabemos que año con año, la logística de los organizadores del Festival Cultural Zacatecas en el escenario de Plaza de Armas es un completo caos. Mala programación de bandas con géneros completamente distintos, sillas cuando el espectáculo amerita presenciarse de pie para bailar o brincar, y jóvenes a los que un gafete de servicio social los contagia de autoritarismo.

En los días recientes la sociedad zacatecana se ha quejado de la diferenciación que ha padecido en el escenario,arguyendo que se les da prioridad al turismo. Ya salieron las autoridades organizadoras a negarlo, claro, pero ésta existe, basta que esas mismas autoridades se asomen, así, de civiles sin su gafetito y verán cómo les tratan.

En el concierto de Goran Bregovic del día de ayer martes 23 de abril, el primer error consistió en la programación de Arista 5 como telonero, que bien sabemos que es un infaltable de la máxima fiesta de la cultura, sin embargo tantos años de pisar el mismo escenario da qué pensar, por lo que sería plausible que algún día algún director del IZC les dijera que “ya chole”, pues lo único que están aportando ya, parece, es ayudar a los insomnes a reencontrar el sueño.

¿Por qué fue un error la programación de la banda del “Yo”? Porque el género es completamente distinto del grupo estelar y eso mismo propició que se colocaran sillas, evidenciando también un profundo desconocimiento del invitado, pues si algo logra la música de Goran es poner a bailar y saltar a todo el mundo.

Luego están los encargados de cuidar el paso a los lugares. Pues mientras varia gente, entre las que me cuento,buscábamos lugar adelante, el paso estaba vetado y ni siquiera nos era posible permanecer de pie para localizar asientos, por lo que nos enviaron a un par de jóvenes a amenazarnos que si no nos sentábamos o movíamos del lugar, nos iban a mandar a la policía.

Cada año las quejas del público son las mismas, pero eso no es lo sorprendente, lo que sorprende es que los encargados de la logística en vez de mejorar el servicio, se empeñen en empeorarlo. De otorgar poder a servidores sociales que carecen de todo trato con la gente y que como niños bien portados amenazan con la policía a quien tiene derecho, por ser gratis, de moverse por el espacio en busca de lugar.

En 2018, recuerdo, que a un señor que estaba bailando de pie mientras los demás estaban sentados, dos elementos de seguridad fueron por él. Entonces ¿el festival no es, como dicen, de disfrute para todos sino de unos cuantos? Desestimaron las versiones de discriminación en la plaza porque es su trabajo hacerlo, pero es real y deberían, de una vez por todas, de terminar con la práctica.

Al final la música fue la que nos hizo justicia y las barreras se rompieron. El concierto fue maravilloso y la policía que nos iban a mandar nunca la vimos, pero callar el hecho, como dijera el Bartleby de Melville, «preferiría no hacerlo».