DE LUNES TODO EL AÑO | Zona de obras; una clase de periodismo de Leila Guerriero

Por Alejandro Ortega Neri

El último día de la FIL Guadalajara 2018, casi corriendo, tomé Zona de obras (Anagrama, 2015) de Leila Guerriero del anaquel de una editorial y lo pagué sin siquiera pararme a leer de qué iba, pues la Guerriero es garantía.Hoy, al haber terminado el libro no me arrepiento, lo estaría si por el contrario lo hubiera omitido de mis compras bibliográficas de fin de año.

Y es que Zona de obras es una clase magistral de periodismo. Reúne columnas,conferencias y ensayos que la argentina de chinos imponentes, Leila Guerriero, ha construido en torno a las interrogantes e inquietudes del quehacer periodístico y que han sido publicadas en medios y dictados en encuentros tanto de América Latina y España. ¿Por qué, para qué y cómo escribe un periodista? Se pregunta la Guerriero.

El resultado es, como digo y sin ser el objetivo de la argentina, una clase magistral de periodismo cuyas frases labradas, aforismos, metáforas o definiciones merecen ser tatuadas en la mente de quien se dedica o quiere dedicarse a contar historias, porque cada texto regala pinceladas para lograr un mural en el que convivan la manera de hacer una buena crónica, un buen perfil y una excelente pieza de periodismo narrativo.

Zona de obras desnuda a una periodista apasionada y con mucha fe por el oficio, también a una escritora rigurosa, disciplinada, provocadora y autocrítica, que no solamente le preocupa escribir bien, sino todo lo que hay de fondo y los momentos por los que atraviesa el oficio, el cual considera no es un oficio menor, pues dice en uno de los párrafos más entrañables:

“Para ser periodista hay que ser invisible, tener curiosidad, tener impulsos, tener la fe del pescador –y su paciencia-, y el ascetismo de quien se olvida de sí –de su hambre, de su sed,de sus preocupaciones – para ponerse al servicio de la historia de otro. Vivir en promiscuidad con la inocencia y la sospecha, en pie de guerra con la conmiseración y la piedad. Ser preciso sin ser inflexible y mirar como si se estuviera aprendiendo a ver el mundo. Escribir con la concentración de un monje y la humildad del aprendiz. Atravesar un campo de correcciones infinitas, buscar palabras donde parece que ya no las hubiera. Llegar, después de días, a un texto vivo, sin ripios, sin tics, sin autoplagios, que dude, que diga lo que tiene  que decir –que cuente el cuento-,que sea inolvidable. Un texto que deje, en quien lo lea, el rastro que dejan, también,el miedo o el amor, una enfermedad  o una catástrofe. Atrévanse: llamen a eso un oficio menor. Atrévanse”.

Guerriero aborda, defiende y se apasiona también por el periodismo narrativo, el cual, dice, más que exigir el arte de preguntar, requiere el de mirar: “el periodismo narrativo es muchas cosas pero es, ante todo, una mirada – ver, en lo que todos miran, algo  que no todos ven- y una certeza: la certeza de creer que no da igual contar la historia de cualquier manera”, pero, para ver, mirar, sugiera la argentina, hay que ser invisible.

Cómo todo libro que reúne una selección de textos hay algunos que destacan sobre otros, no sin restarle mérito a todos. Aunque la edición no ayudó a que no se pecara en la reiteración. Aun así, los mejores textos deben convertirse en una lectura obligada como en su tiempo lo fueron los del polaco Kapuscinski, como: “Qué es y qué no es el periodismo literario: más allá del adjetivo perfecto”, “Tan fantástico como la ficción”, “Leer para escribir”, “Viajar, contar, viajar”, “El periodismo cultural no existe, o los calcetines del pianista” y con el que cierra, “¿Dónde estaba yo cuando escribí esto?” que resume sus opiniones,intereses y quehaceres en la crónica, la entrevista, la creación de perfiles y el periodismo narrativo.

Zona de obras, reitero, es lectura obligada para quienes nos dedicamos a contar historias, pues por sus hojas corren un sinfín de enseñanzas que pueden ser útiles día a día, pero que, entre las más importantes, es tener una pasión por el oficio, por escribir bien y ser, como periodistas, humildes,pues al contar la vida de otros, nos estamos contando la de nosotros mismos.Imperdible. Grande Leila.