ENTREVISTA| Dramatis personae: el autorretrato de Krishna VR

Por Alejandro Ortega Neri

A lo largo de la historia el autorretrato ha implicado la creación de una imagen cuyo sujeto propio es el artista que realiza la obra de arte. Y se ha entendido éste como una representación de las emociones, una proyección externa de los sentimientos, un auto análisis y una auto contemplación que puede otorgarle inmortalidad a los artistas.

El autorretrato es pues, grosso modo, una disección para la introspección. Pero también se entiende como una narrativa abierta a la interpretación de quien la observe, porque es también una invención que hace de sí mismo el autor que aunque parezca que estamos viendo su imagen, más bien contemplamos una suerte de doble, un alter ego que solo emerge en un mundo paralelo, imaginario.

Pienso en todo esto cuando recorro con la mirada los autorretratos fotográficos de Krishna Valdez, mejor conocida en el mundo de la fotografía como KrishnaVR, una veinteañera originaria de Sinaloa, en el norte de México, que mediante su cámara y creatividad ha creado ambientes lúgubres en los que paradójicamente hay poca luz, a pesar de ser fotografía, por donde se mueve una gama de dramatis personae en mundos distintos aunque todos con el mismo rostro, el de Krishna.

En uno aparece con la vista perdida quizá en el cielo mientras su cuerpo reposa desnudo bajo el agua y un ramaje le abraza en la superficie. Es su autorretrato Ofelia, inspirado en Hamlet de Willian Shakespeare, con el cual ganó el primer lugar en el concurso italiano “Siena International Photo Awards 2016” cuando apenas contaba con 17 años.

En otro retrato, el rostro de Krishna es prisionero de una mano negra, ¿quizá de un demonio interno?; o bien aparece en el titulado “Deja Vu” con la cara manchada, con un sinfín de pecas que no se alcanza a distinguir si es lodo, sangre o bien el sudor de un fruto rojo pasional. 

Pero también está “Utopía”, un autorretrato en el que el ambiente mágico emana de una música que cuenta miles de historias;o “The Remedy for a broken heart” en el que dos Krishna inundan la escena, una con el pecho abierto, otra tras una máquina de coser lista para remendar.

Al verlos de cerca, impresos en una fina técnica sobre papel algodón, no dejo de pensar en la idea del autorretrato, y sobre todo en los primeros que lo empezaron a experimentar ahí,parados frente al lente. Pienso en Robert Cornelius quien se hizo la primera selfie de la historia en 1839, tan serio y guapo mirando casi de reojo al lente de ese armatoste que estaba frente a él.Pienso también en Félix Nadar quien fue el primero que creó ambientes de ficción para autorretratarse, tan quieto y elegante ahí sentado con su sombrero mirando hacia el suelo. O en Lewis Carroll, el reverendo aficionado a la escritura, las matemáticas y las niñas, autorretratándose, sentado, peinadito y leyendo.

Así fue como quisieron inmortalizarse esos fotógrafos  y muchos más. Pienso en Vivian Maier, en Diane Arbus, en Irvin Penn y su rostro fragmentado y en Robert Mapplethorpe  en una escena de chico malo. Y me pregunto por qué, alguien tan joven como Krishna ha creado una realidad sombría, triste, tremendamente dramática. Y me contesta:

“Lo hago porque Krishna –sí, así en tercera persona- es muy feliz.  Al momento de hacer los retratos trato de hacer algo muy diferente a mí, o de ciertas partes de  mi personalidad que no se ven simple vista y es por eso que puedes ver otra mujer en mis autorretratos y es el punto”.

Foto: Alejandro Ortega Neri 

Cada uno de los personajes de la joven fotógrafa, que además no se define así, sino como artista visual, son muy teatrales, una marcada influencia de su paso por las artes escénicas durante 6 años de su corta vida, algo que, asegura, le ha inspirado y retado a crear personajes desde muchas perspectivas: “puedo ser lo que yo quiera porque puedo crear mis alter egos”.

El fotógrafo captura realidades, el artista visual las crea o las imagina. En el caso de Krishna, en  quien confluyen las dos disciplinas, se construyen realidades metafóricas. “Mi fotografía es como un documental metafórico –se define-, porque plasmo cosas muy personales y lo hago de una manera que parece mi realidad alterada. Cuento una historia para retar a que la entiendan depende de lo que sientan, de lo que vean, de lo que vivan”.

El trabajo de Krishna se labra con paciencia centenaria, pues después de la producción, la cual realiza toda en su casa dejando en claro que no es necesario salir del hogar para crear arte, vienen los disparos a control remoto, a veces hasta 200 para lograr la imagen que ella considera idónea, para luego, mediante la post producción, llegar hasta el ambiente en el que esos seres creados detonan un sinfín de historias; tristes, dramáticas, oscuras, filosóficas, de vida.

Ahora la joven fotógrafa prepara un trabajo de tema sensible, pues me cuenta que es sobre el aborto, sin embargo es complicado porque con su creación no quiere manifestar explícitamente una postura negativa o favorable, sino que sea la polisemia de los espectadores y la de sus miles de fans en sus redes sociales quien oriente el significado.  Habrá que esperar.