PREFERIRÍA NO HACERLO| Del #MeToo al perdón histórico

Por Alejandro Ortega Neri

Los últimos días han sido de un intenso combate de ideas, opiniones y diatribas en las redes sociales y medios electrónicos en los que el sentimiento del perdón, podría decirse, ha sido el personaje principal.

Primeramente, el fin de semana pasado Twitter comenzó a cimbrarse con el #MeTooEscritoresMexicanos, que luego devino también en #MeTooPeriodistasMexicanos y demás historias de acoso en diversas disciplinas.  Desde una cuenta que recabó testimonios de manera anónima, pero también desde las cuentas propias de escritoras, comenzó a denunciarse los diversos tipos de acoso cometidos por narradores y poetas mexicanos, algunos en ciernes, otros ya consagrados.

El tiempo era una bomba y se sabía que faltaba poco para este tipo de denuncias. El valor de las  escritoras se contagió y  se transformó en un  esfuerzo colectivo que fue generando un efecto bola de nieve que día a día sigue arrojando nombres. Algunos aludidos optaron por la defensa directa en la misma red social, otros pidieron disculpas en sus blogs y en el mismo Twitter, muchos más han hecho mutis y otros, quizá, no se han hecho los enterados.  

Por su parte el#MeTooPeriodistasMexicanos arrojó una larga lista de nombres también de personajes pertenecientes a medios de renombre, como La Jornada, El Universal, Excélsior, Milenio, Reforma, Reporte Índigo, Sin Embargo, Cuartoscuro y hasta el Deforma.

En ambos casos, tanto de escritores como periodistas aparecieron nombres de zacatecanos, algunos emergentes, pero la mayoría reconocidos y considerados como “vaca sagradas” dela disciplina, quienes fueron exhibidos hasta con screencatch  de sustento. Pero lo que noté  es que, por ejemplo, en Facebook tuvo poco eco la situación.

No esperaba menos, Zacatecas le tiene mucho respeto a sus figuras insignes e incluso son las mismas mujeres quienes minimizan o normalizan la violencia porque no lo pueden creer de los “maestros”, como ya lo atestiguamos no hace mucho con el caso de un pintor, en el que incluso se atacó aún más a la denunciante.  Pero quizá el mutis que ha reinado  significa que el secreto a voces por fin se hizo público más allá de los pasillos o grupos de whats, y para no perder la amistad o el compadrazgo, han optado, sé de algunas, por no ver.  

Pero también el #MeToo mexicano quedó a un lado cuando  AMLO compartió la idea de solicitar un perdón a España y la Iglesia por las acciones cometidas durante La Conquista. Sirvió como una cortina de humo precisa porque tanto los medios como los usuarios en redes enfocaron su atención, su burla y su encono hacia el presidente, y seguro estoy que muchos aludidos en los #MeToo lo agradecieron también.

Me llamaron la atención ambos casos porque son tendencia, y el primero detonó un grito de rabia para visibilizar algo muy grave, que de acuerdo a varios testimonios, algunos nombres que se vertieron pudieran ser de feminicidas en potencia. Ignoro que vaya a pasar, quizá habrá sanciones para los que laboran en instituciones educativas, quizá se quiten becas, pero no más, las editoriales por el cariz capitalista, no creo que hagan nada.

El segundo caso, detonó, por un lado, que la conciencia histórica despertara pero lo lamentable es que lo hizo con poca inteligencia que se transformó en un sinfín de tonterías a ambos lados del océano. 

Lo que sí creo, más allá de si llega el “perdón histórico” por parte de España hacia México y el del mismo Estado mexicano hacia sus pueblos y a la comunidad china por el genocidio de 1911, el perdón que debe llegar, y ese sería más histórico a mi parecer, es el que pidamos los hombres a las mujeres de todos los ámbitos, por tanto año de vejación. Cuando no se les vea como meros objetos sexuales y sí como los seres humanos que son, hablaremos entonces de una buena relación más importante que toda la pretendida por las naciones del globo. 

Escribir del otro perdón, como dijera el Bartleby de Melville, “preferiría no hacerlo”.