PREFERIRÍA NO HACERLO| La señora del flash y otras costumbres en el Teatro.

Por Alejandro Ortega Neri

El teatro también es un templo y hay unos inadaptados que lo ignoran. En él convergen las manifestaciones artísticas;el lenguaje corporal, el textual, el musical, el espiritual, el audiovisual y asistir a él conlleva seguir algunos códigos de comportamiento para la perfecta simbiosis entre el emisor y el receptor, para conseguir la catarsis que busca crear todo arte. Sin embargo parece que aquí en Zacatecas gran parte del público que asiste a las obras, conciertos o demás eventos culturales ignora lo que acabo de mencionar.

El domingo pasado asistí a la puesta en escena Rebelión del director Berk Türk, una adaptación a teatro del libro Rebelión en la granja de George Orwell a cargo del grupo Teatro Boel. La obra me gustó mucho, la adaptación es buena y el desarrollo de los actores en el escenario es encomiable. Los personajes despiertan pasiones y sentimientos encontrados, cada uno, animalizado, despliega, de la manera más seria posible, su rol en el escenario, y la música y los visuales son también para aplaudir, pues crean la ambientación necesaria para historia tan dura. En general, la puesta en escena bien…

Lo malo, como siempre, es el comportamiento del público: no falta al que le pica la ropa y no deja de moverse en su asiento haciendo un ruidito molesto con la fricción de sus telas,los que tosen generando un contagio masivo, ¿por qué tose la gente en los teatros?; luego están los que olvidan poner en silencio o vibrador su teléfono celular; el que se duerme y ronca en ocasiones o los que deciden, para paliar su ansiedad, comerse un dulcecito envuelto el papel celofán que creará un ruido más al concierto de los incómodos.

Todos los personajes anteriores son usuales, pero en la última visita una señora superó el #loquenosedebehacerenelteatropor mucho. Toda la función estuvo tomándole fotos, seguramente a un familiar que formaba parte del elenco, con un flash cegador, y no conforme con hacerlo,cuando su camarita le había ya saturado la función, desconcertada seguía picando el disparador pintando de luz únicamente la escena. Las fotos sin flashes quizá la regla número uno en el teatro, pues ante la oscuridad que impera, la función de éste encandila a los actores pudiendo causar un accidente en el escenario. En un momento ya no supe dónde estaba presenciando un mayor comportamiento animalizado, si arriba o abajo del escenario. Sólo espero, en sana venganza, que todas le hayan salido sobre expuestas.

De ahí en más la puesta en escena merece mucho la pena. Teatro Boel presentará nuevamente Rebelión el próximo 10 de febrero en las instalaciones del Teatro Fernando Calderón y no estaría mal que se diera una vuelta. La adaptación que hizo del texto María Elena Ibarra es muy buena y el grupo de actores bajo la dirección del joven Berk Türk es plausible. Envuelven al espectador en la trama, hay guiños de humor y sumo dramatismo, pero sobre todo nos recuerdan que Orwell fue un profeta, un visionario, y que ese sistema del cual se burló con el gobierno de los cerdos lamentablemente sigue vigente. Eso sí, si le toca al lado un ruidoso coméntele o aléjese de él y cuénteselo a quien más confianza le tenga, como decía el comercial.