Kandinsky para todos; desapareciendo en los pequeños mundos

Por Alejandro Ortega Neri

Ciudad de México.- ¡Corran todos, porque Wassily Kandinsky se va!

El próximo domingo 27 de enero la exposición “Pequeños mundos” del pintor ruso Wassily Kandinsky (1866-1944), que alberga el Palacio de Bellas Artes en la ciudad de México, dejará nuestro país,y es casi una visita obligada porque la oportunidad para conocer y entender el arte de Kandinsky, su evolución, sus teorías, sus conceptos e intenciones es inmejorable.

La pintura abstracta es quizá delas manifestaciones menos digeribles para quienes no están familiarizados con un lenguaje pictórico, visual. Sin embargo, en “Pequeños mundos” es como entrara un aula en la que el gran Kandinsky te será explicado casi como con manzanas. Maravilloso.

Nacido en Moscú, Kandinsky fue seducido por la iconografía medieval y la pintura popular de su país, sin embargo, como tantos otros grandes artistas, al comenzar a estudiar pintura a los 30 años decidió abandonar la academia debido a la rigidez de ésta. Ahí,embebido por una saturación policromática en una época en la que la pintura carecía del color, Kandinsky comenzó su historia como un artista, un rebelde y un teórico del arte que terminaría su camino con una vasta producción.

En la exposición que alberga todavía el gigante de mármol blanco, el visitante podrá apreciar los inicios del artista con una clara influencia del arte popular ruso. En la obra, se observa cómo debido a la alta saturación, sus motivos figurativos fueron despareciendo paulatinamente para florecer en un estilo abstracto.

Vital fue la música clásica para el desarrollo pictórico del artista también, sobre todo Arnold Schönberg  quien le inspiró la obra Impresion (1911), pero también, porque en su concepción de los colores, Kandinsky relacionó cada uno de ellos con el sonido de un instrumento,lo que le daba un ritmo a cada una de sus obras: el amarillo evocaba el sonido de una trompeta o un clarín; el negro, el color de la más pura tristeza, era la pausa completa mientras comenzaba otra pieza, otro mundo; el verde, consideraba el ruso, sonaba como los tonos tranquilos y profundos de un violín, como también lo era el rojo, pero más suave, mientras que el violeta era como un corno inglés, la gaita o el fagot; el naranja, una campana llamando al Ángelus,o un barítono o una viola; el blanco también la pausa musical y finalmente el azul, que era como el sonido de una flauta, un violonchelo o un órgano.

Quien visite los “Pequeños mundos”sentirá, atravesando sus venas, la música cromática de Kandinsky en todo su esplendor, en su abstracción, en los lienzos que fungieron como una sala de concierto, en las figuras que devinieron en geometría, colores y viajes para perderse. Lo que el artista denominó en su libro De lo espiritual en el arte “la nueva construcción sinfónica en la pintura”.

Pero el nombre de la muestra hace alusión a esos pequeños mundos que realizó el artista, es decir, la manera como calificó al grabado, esto tras su paso por la escuela alemana Bauhaus a donde fue invitado en 1919. El grabado no lo dejó indiferente, y derivado de la mentalidad prodigiosa consideró que esos pequeños mundos también tenían su carácter  y sus características: de la técnica de punta seca nuestro artista consideró que era aristocrática ya que sólo se podían producir poco ejemplares pero de buena calidad; a la xilografía la consideró de mayor profundidad y excepcional por la utilización del color;por su parte, la litografía dijo que era de una naturaleza democrática porque permitía producir copias de manera ilimitada.

Paseando por esos pequeños mundos, el visitante podrá ser testigo también de la Gesamtkunstuwerk, es decir, la “obra de arte total” que buscaba con ahínco el pintor, búsqueda que se vio de cierta manera interrumpida tras el ascenso del nazismo que consideró, incluso, su obra como un arte degenerado.Para Kandinsky cualquier creación artística era hija de su tiempo pero madre delos sentimientos, pero en gran parte de la época en la que le tocó vivir hacer arte como el de él era peligroso.  

Huyendo del nazismo, Kandinsky se trasladó a Francia donde adquirió la ciudadanía en 1939 y residió hasta su muerte en 1944. Fue en este país donde creó algunas de sus mejores obras, ya alejadas de la geometría y ahora influenciadas por el movimiento de un tipo de células flotantes, lo que significaba para el artista el inicio de una nueva vida.

“Durante años y años traté de lograr que los espectadores pasearan en mis cuadros, quería obligarlos a olvidarse, incluso a desparecer allá adentro” escribió en una ocasión, y creo,después de atravesar la exposición “Pequeños mundos” que aún engalana a Bellas Artes hasta el próximo domingo,  que lo logró.