DE LUNES TODO EL AÑO| No contar todo o el arte de huir de uno mismo

Por Alejandro Ortega Neri

El oficio de escribir, dijo Amparo Dávila en su carta de agradecimiento por obtener el Villaurrutia en 1977, “es una lucha diaria y tenaz con la palabra, un desgarrarse a pausas y  dejar, a veces, pedazos de piel en cada página, una constante aventura y un ir y venir entre el cielo y el infierno”. Pensé inmediatamente en esta definición cuando supe de qué iba y leí el libro más reciente del narrador mexicano Emiliano Monge, No contar todo (PRH,2018), un historia de no ficción en la que narra la saga familiar de tres hombres de generaciones distintas a los que los caracterizó la huida.

No sé si Monge considere el oficio de escribir como lo hiciera doña Amparo, me gusta pensar que sí porque entre las páginas de No contar todo se leen los pedazos de piel en cada palabra, los desgarramientos en cada capítulo y la aventura que conduce al infierno que muchas veces es la escenografía que tienen los recuerdos. Leer significa ocultar el rostro, escribir significa mostrarlo y en la obra de Monge ese rostro se nos vislumbra con una risa del divertimento que pasa con facilidad a una de dolor.

No contar todo presenta al lector la saga de los Monge al mismo tiempo que abre una ventana para asomarnos a la historia de ese país que habitaron. El abuelo del escritor, Carlos Monge McKey, descendiente de irlandeses, finge su propia muerte para huir. El padre, Carlos Monge Sánchez, se aleja de su familia para convertirse en guerrillero al lado de Genaro Vázquez y trashumar por la zona de Guerrero. Y Emiliano, el hijo y autor el libro, erigirá un mundo de ficciones para escapar de todo. “El deseo siempre estuvo: mis recuerdos más antiguos, por ejemplo, son los de querer estar en otra parte”, escribe.

No contar todo es también un libro que habla del escape, la huida de aquel lugar donde están todos e incluso uno mismo. Pero también es una radiografía del abandono, de la cultura de una sociedad machista, violenta; delas crisis de la madurez, de la historia de sangre del país, pero también de la idea de recoger fragmentos, nuestros propios pedazos, para entendernos.

Foto: Alejandro Ortega Neri 

“La historia es la corriente invisible que mueve todo en el fondo. La historia es por qué mi abuelo intuía, como lo haría un animal, que tenía que marcharse. Igual que mi padre tuvo, muchos años después, que hacer lo mismo. Y como yo hice llegado mi momento” escribe Monge al inicio de No contar todo, un librazo que vale mucho la pena, no solamente por la calidad narrativa que caracteriza a Monge, sino por su historia que se convierte en nuestra historia, esa de las familias complejas en las que el arte de la huida a veces es una tabla de salvación.