PREFERIRÍA NO HACERLO| Pesadilla mecánica

Por Alejandro Ortega Neri

La pesadilla con el último mecánico a quien llevé mi coche duró tres semanas. El saldo: a parte de los gastos en refacciones, gasto en gasolina de coches prestados, en Uber y camiones, el coche con funcionamiento deficiente. Cada quien recomienda al mecánico que le ha hecho buen trabajo, a estas alturas yo no recomendaría a ninguno y sí me quejaría de todos.

Los talleres mecánicos se han convertido en  uno de los negocios con más quejas ante la Procuraduría Federal del Consumidor (Profeco), de ahí que la institución tomara cartas en el asunto en los últimos años y haya emprendido verificaciones a nivel nacional. Por obligatoriedad, y de acuerdo con la Norma Oficial Mexicana NOM-175-SCFI-2007 todo negocio debe tener a la vista un catálogo o listado de precios de los servicios que se ofrecen, si su mecánico querido lector, no tiene desde un principio esto y no le informa de lo que realizó a su coche, puede interponer una queja.

De igual manera, los talleres mecánicos deben tener un contrato de adhesión vigente con la procuraduría, con la finalidad de que los usuarios tengan certidumbre de que no cuentan con cláusulas abusivas, por lo que si su mecánico no está adherido a este contrato, también está infringiendo y podría ser sancionado por la Profeco.

Lamentablemente en México, el bendito país donde “el que no transa no avanza” -y los mecánicos son uno de los abanderados en esto- muchas veces no reparamos a qué nos enfrentamos cuando hablamos con un mecánico, dejamos nuestro coche en manos de los “expertos”, oráculos del templo de la grasa y la estopa, pero ellos hablan un idioma distinto al cotidiano y nos explican los detalles como si nosotros fuéramos doctos en el tema, esa es su ventaja más poderosa para transar, por eso la única arma que tenemos para la defensa es seguir la norma.

Después de mi experiencia estas últimas tres semanas he decidido aferrarme a un procedimiento estricto para la próxima ocasión en que necesite de un mecánico y creo que quien, junto conmigo,haya sido estafado por más uno, debería también emprender: primero revisar que el taller tenga un contrato vigente con la Profeco y que, por ende, siga la Norma Oficial Mexicana. Después de eso exigir cada recibo o nota de las partes que se compren y al final exigir también la nota desglosada del servicio.Algunos establecimientos serios no tienen problema, pero ¿qué pasa con los talleres de barrio que muchas veces ni nombre tienen, como el que recién me atendió?

Aunque debemos estar conscientes que esto apenas es un arma insignificante para luchar a favor de nuestra certidumbre, pues detrás de esos fierros se esconden otros terribles secretos que sólo los mecánicos, mal necesario, conocen; como hacer inventos, juntar partes con alambres a la mexicana, o reciclar piezas que luego cobran como nuevas. Un carro recién salido del taller es un misterio insondable. No sabemos qué nueva sorpresa nos deparará, con qué detalle buscará lastimar nuevamente el bolsillo.

En los últimos días del año, como es costumbre, la televisión abierta y de sistema de cablevisión proyectaron la cinta mexicana El inocente (1956) de Rogelio A. González, en la que el afamado Pedro Infante interpreta al mecánico Gudberto Gaudázar, y en una secuencia, él canta en el taller mientras los demás trabajadores bailan y hacen relajo a su alrededor. Pensé que tal escena representaba mi situación del momento y respondía a la interrogante de por qué después de más de dos semanas mi coche no estaba listo. Quizá el mecánico queme atendió no estaba bailando ni cantando, pero tampoco estaba haciendo lo contrario,trabajar, pero escribir sobre el resultado de la pesadilla, como dijera el Bartleby de Melville, “preferiría no hacerlo”.