DE LUNES TODO EL AÑO| Todo lo que muere, el brutal policíaco que quita el sueño

Por Alejandro Ortega Neri

Encontrar un libro en los estantes de la librería a menos de 100 pesos es ya una ganga, pero que este sea una novela policíaca de mucha calidad es casi un regalo de los dioses de la palabra. Así acaba de sucederme con Todo lo que muere de John Connolly, la primera historia de la serie del detective Charlie Parker que se ha convertido en mi primera lectura de 2019 y que me ha dejado boquiabierto y de paso espantado el sueño.

Charlie Parker, alias “Bird”, -en un obvio homenaje el famoso jazzista- es un inspector de policía en Nueva York que una noche sale a tomar unas copas después de una discusión con su esposa Susan; cuando vuelve a casa encuentra a ella y a su hija de tres años  brutalmente asesinadas: les han sacado los ojos y arrancado el rostro. Entre los sospechosos figura el propio inspector a quien, además, expulsan del cuerpo policíaco con el crimen sin resolver.

Carcomido por la culpa, y deseoso de venganza, Parker no duda en acudir en ayuda de un antiguo jefe para resolver el misterio, esto o llevará a otras búsquedas de más niños muertos y una joven desaparecida y la investigación lo conducirá a dónde jamás pensó que llegaría todo por desentrañar al “Viajante”, un asesino serial devoto de la poesía metafísica y los manuales clásicos de la anatomía.

Difícilmente un editor podría negarse a publicar una novela como con la que Connolly inició la serie de su afamado detective Charlie Parker. Es ambiciosa, sí, pero el narrador irlandés sabe resolverla de una manera magistral: se intercalan fácilmente otras cuatro historias sin distraer al lector de la columna vertebral que sostiene a la novela.

Todo lo que muere, además, es una serie de homenajes, no solo al Jazz, pues la segunda parte de la historia transcurre en Nueva Orleans en la que el detective con el mismo nombre que el jazzista actúa, sino también a la novela policíaca clásica como la de Dashiel Hammet o Raymond Chandler: las femme fatale adineradas que hacen encargos a los detectives, las mansiones de los poderosos que mueven los hilos de la policía y el sinfín de falsas pistas; pero también, creo, hay guiños a Chester Himes con un personaje apodado el ataúd, como el detective de Harlem de Himes; o a Mario Puzo al incluir a la mafia italiana con nombres sumamente conocidos como Sony, una reminiscencia clara de El Padrino.

Pero Connolly crea también su propio universo y el de su detective, un hombre atribulado con mucho colmillo para enfrentarse a los tipos duros, sin aminorarse y obtener de ellos lo que quiere, además con un olfato esencial para resolver los casos, que conoce Nueva York y los estados aledaños como se conoce la palma la de mano.  Aunque también, lo que hace diferente a Connolly,es la sangre fría de sus historias, son brutales, los asesinatos, al menos en esta, sumamente explícitos y la tarea investigativa que logra el narrador para darle verosimilitud a su historia es encomiable, pues hay pasajes completos en los que asistimos a clases magistrales de criminología y medicina forense.

Todo lo que muere de John Connolly, no tiene desperdicio.Personajes duros y con intenciones bien definidas.  Es una novela, como señalé, ambiciosa, pero que resuelve con mucha autoridad. Es mi primer acercamiento a su obra y ahora entiendo por qué algunos escritores han puesto a Charlie Parker como su detective favorito, seguramente podrá convertirse también en uno de los míos.Por el momento, bienvenido a mi mundo.