EDITORIAL| Preferiría no hacerlo: impaciencia por Roma

Por Alejandro Ortega Neri

Hace tanto que no veía tanta expectativa por una película mexicana de un director mexicano como la que estoy presenciando ante la llegada de Roma (2018)de Alfonso Cuarón, y eso, debo admitirlo, me llena de lo que sea que llaman esperanza por dos cuestiones: primero porque el público está exigiendo que se abran más salas para su exhibición, y segundo porque se está demostrando que se puede competir contra la dinastía Derbez y el cine light barato que pueblan las salas de cine.

Incluso, como una muestra más-entiéndase la ironía- de la llamada “cuarta transformación”, el  flamante gobierno ha abierto la casa de Los Pinos para que se exhiba ¡gratis! No estoy soñando ¿verdad?

Como estudioso del cine me emociona que, según los comentarios y críticas leídas hasta el momento, estamos ante una nueva obra maestra del cineasta ganador del Oscar que seguramente detonará objetos de estudio, y como cinéfilo me comen las ansias por verla,además del gusto que siento que los espectadores estén a la espera incluso agotando los boletos de las salas independientes donde se proyectará.

Jamás imaginé que un filme mexicano, en blanco y negro, se convirtiera ahora en la máxima atracción y en un símbolo de la resistencia o la lucha contra los grandes monopolios de exhibición. Además Yalitza Aparicio, quien por cierto ya fue víctima del racismo arraigado en este país, se ha robado las portadas y los premios y está camino a convertirse en un icono no solamente cinematográfico, sino también dela resistencia de ese México profundo que a mí me encanta que me represente.

Mientras Cinépolis ponía trabas al filme de Cuarón y anunciaba con promociones, bombo y platillo el estreno de Mirreyes contra Godínez, las cinetecas,salas independientes y ahora hasta la residencia de Los Pinos, se han unido para apoyar al séptimo arte al que tanto le debemos y eso es de aplaudir, pues se le ha abandonado y cambiado por filmes que únicamente han reflejado la desigualdad social y el machismo de la sociedad mexicana.

Lo que debemos esperar es que este apoyo e ímpetu no sea solo con Roma,pues el cine nacional está gozando de una regeneración a la que debemos poner cuidado. No es raro que críticos, historiadores y especialistas del séptimo arte le estén llamando a esta etapa una nueva época dorada, aunque para muchos ha sido invisible, pues los grandes monopolios abogan por generar entradas y el cine mexicano independiente aboga por generar conciencias.

Así es que esperemos Roma porque filmes como Mirreyes contra Godínez preferiría no verlos.